4 de marzo de 2010

Sal desperdigada

Entre los derrumbes y desmorones de a diario, tu lampara de sal - aquella de la que hablaba en otra entrada- sigue sufriendo los estragos de la humedad, las lluvias, la falta de costumbre, o tu ausencia. Cada vez resulta mas difícil tocarla o intentar juntar sus piezas como un puzzle salino, sin que se deshaga o se desgaste en pedazos, pedacitos o ya casi directamente en granos de sal. Es impresionante como algo tan aparentemente fuerte puede deshacerse entre los dedos. Podría sacar muchas conclusiones o moralejas con respecto a eso, pero voy a luchar contra esa deformación profesional y me voy a quedar simplemente con apuntarme que tengo que recordarte que te acuerdes de traerme una cuando vuelvas. Seguramente yo podría comprarme una (no es algo tan inencontrable como cuando me la trajiste hace años) pero me gusta la idea de que me la regales, como una renovación de qué se yo que sentimientos. Ya ves, me gusta esa idea de que me regales luz y sal.

6 comentarios:

ROMBO dijo...

La mia sigue bien... La cuidaré.

Onomatopeya dijo...

Yo quiero una.

Glaukilla dijo...

Rombo,la mia -aunque no lo parezca- la cuido. Pero tanto humedad sigue desmoronándola...En fin, si ha caido la A-92 ,¿qué espero yo de mi pobre lamparita?

Glaukilla dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Jóse Bellosta dijo...

Hoy en dia, todo parece posible. Hasta lo más raro e increible.

Glaukilla dijo...

Pues si, Ballesta. Lo cual, visto desde un punto de vista positivo, es genial. El poder de cambiarse...