Ven, acércate despacio y deja que el lento atracar de tu aliento en mi piel haga volar la mariposa. Ocupa su lugar y entreabre los labios hasta posarte en esa gota de néctar que me corona.
Líbame despacio y haz que tu dulce, pausado y húmedo lamer haga brotar mi propio licor, ese que quiero que bebas hasta emborracharte de él...